La catedral de Canterbury presenció un acto que fracturó 14 siglos de tradición masculina. El miércoles 25 de marzo, durante la Fiesta de la Anunciación, Sarah Mullally llamó tres veces a las puertas de la sede principal de la Iglesia Anglicana.
Por primera vez desde la llegada de San Agustín en el año 597, una voz femenina exigió ceremonialmente la entrada.
Las puertas se abrieron no solo para recibir a una nueva líder espiritual, sino para formalizar una transformación que comenzó en las salas de oncología y culminó en el trono de la comunión anglicana mundial.
Sarah Mullally tras la ceremonia de entronización que la instala como arzobispa de Canterbury | Foto Los Ángeles Times
Sarah Mullally, de la vigilancia clínica al báculo pastoral
Nacida en Woking en 1962, Mullally ha construido una identidad forjada en el servicio público y la ciencia.
Antes de vestir los ornamentos episcopales, dedicó su vida al Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido.
Su ascenso en el área de la salud fue meteórico. A los 37 años fue nombrada jefa de enfermería de Inglaterra y se convirtió en la persona más joven en ocupar dicho cargo. Esta etapa dejó una huella en su carácter: la capacidad de observar el dolor humano con “pragmatismo empático”.
Durante su investidura, un detalle capturó la esencia de su biografía. Mullally sujetó su capa ceremonial con un broche decorado con la hebilla del cinturón que usó durante sus años como enfermera.
Este gesto simboliza la continuidad de su vocación de cuidado. Según declaró la propia arzobispa a medios como la BBC News y la agencia Associated Press, su formación para el ministerio ocurrió mientras aún desempeñaba altos cargos gubernamentales. Este hecho la dotó de un liderazgo cuya visión gerencial y humana es inusual en la jerarquía eclesiástica.
A la ceremonia en la Catedral de Canterbury asistieron el príncipe William y la princesa KateFotos Agencias
Elección poco ortodoxa
El proceso de selección duró varios meses. Estuvo a cargo de una comisión de 17 clérigos y laicos, con el aval final del rey Carlos III, según lo dio a entender la página oficial de Church of England.
Sarah Mullally reemplazó, así pues, a Justin Welby, quien dimitió a finales de 2024 tras la gestión deficiente de escándalos de abusos sexuales dentro de la institución.
En este contexto, la nueva arzobispa asume una responsabilidad que va más allá de lo litúrgico. Ella misma manifestó que la Iglesia busca estar más informada sobre el trauma, escuchando activamente a las víctimas y arrojando luz sobre las acciones del clero.
Vale destacar que su trayectoria en la Iglesia de Inglaterra ha sido una sucesión de hitos. Fue ordenada sacerdotisa a los 40 años, nombrada obispa en 2015 y designada obispa de Londres en 2018.
Su ascenso a Canterbury ocurre en un momento de máxima tensión para la comunión anglicana, una asociación de iglesias independientes con presencia en 165 países.
Mientras figuras como el príncipe William y el primer ministro Keir Starmer asistieron a su ministerio público, voces conservadoras de la iglesia en Nigeria y Ruanda calificaron su elección como “devastadora” e insensible a las tradiciones históricas.
La celebración marca un hito importante para la Iglesia Anglicana, que remonta sus raíces al año 597 | Foto LAT
Una Iglesia en transición
La agenda de Mullally debe enfrentarse de inmediato a dos frentes críticos: el reconocimiento de los derechos de las personas LGBTQ+ y el papel de la mujer en el episcopado.
Organizaciones como Gafcon cuestionan su liderazgo, alegando que su apoyo a la bendición de matrimonios entre personas del mismo sexo vulnera las interpretaciones canónicas de las escrituras.
No obstante, la arzobispa responde ante las críticas con un sermón centrado en la esperanza y en la construcción de mesas de conversación en un mundo que busca la división.
La ceremonia de investidura reflejó la diversidad que la nueva arzobispa pretende fomentar.
Según The Guardian, se escucharon oraciones en lengua bemba y lecturas bíblicas en español a cargo de la obispa mexicana Alba Sally Sue Hernández García.
Para expertos en teología como George Gross, del King’s College de Londres, este nombramiento fue “gigantesco”, comparando la relevancia de Mullally con la del Papa en el escenario religioso global.
La exenfermera que una vez cuidó pacientes terminales ahora asume la tarea de sanar las heridas internas de una fe que cuenta con más de 100 millones de miembros.
La arzobispa tendrá que afrontar las preocupaciones de que la iglesia no ha logrado erradicar los escándalos de abusos sexuales | Fotos LAT
Sarah Mullally dejó claro que su gestión no evadirá el escrutinio. Afirmó que cuanto más altos son los cargos, más luz debe arrojarse sobre ellos.
Casada y madre de dos hijos adultos, su vida personal refleja una normalidad que ha contrastado con la mística del cargo.
Al terminar la ceremonia en Canterbury, los aplausos sostenidos marcaron entonces el inicio de un ministerio que promete no caminar solo, confiando en una presencia divina que se manifiesta, según sus palabras, tanto en el dolor como en la alegría de lo ordinario.











